España, Francia e Italia — veinte días que llevo soñando hace tiempo y que de repente se volvieron realidad.
Y claro, lo primero que hice después de gritar de emoción fue abrir el armario y preguntarme: ¿y ahora qué llevo?
Veinte días son suficientes para querer llevarte medio clóset y tomarte fotos en todos los lugares wow. Pero, hay que tener en cuenta que una maleta pesada paseando por las calle adoquinadas de las diferentes ciudades y los aeropuertos puede quitarte tiempo para conocer, energía y la misma pregunta de siempre vuelve y aparece ¿Qué me voy a poner?
Entonces decidí hacerlo diferente esta vez. Empacar con una línea base e intención, con criterio de imagen y llevando uno que otro vestido para ir a uno de esos lugares de ensueño, donde te imaginas así espectacular.
Confieso que voy con maleta grande. Y sí, voy a llevar esa prenda elegante aunque no tenga nada planeado — porque una nunca sabe. Pero todo lo fue funcional.
Aquí te cuento cómo lo organize.
La paleta que lo hace posible todo
Antes de meter una sola prenda en la maleta, definí mis colores. Esto no es un paso opcional — es el paso que determina si tu maleta funciona o se convierte en un merequetengue de prendas que no combinan en su mayoría.
Mi base para este viaje es café, beige y negro. Tres colores que hablan el mismo idioma y que me permiten mezclar cualquier parte inferior con cualquier parte superior sin pensar demasiado. Lo que menos quería es pensar porque la movida es caminar por horas, cafes y no llegar tarde al tren.
Los acentos — amarillo, turquesa, rojo y coral — son los que le dan vida y personalidad a cada look. Una blusa coral con pantalón beige. Un accesorio azul con base negra. Una bufanda en tonos calidos sobre un conjunto café. Con cuatro acentos rotativos, ningún día se ve igual aunque las bases se repitan.
Y eso es exactamente el secreto de empacar para un viaje largo: no llevar más ropa, sino llevar ropa que multiplique sus combinaciones. Veinte días, una paleta, infinitas opciones…. Y solo use la mitad porque el clima todavía estaba frío nivel Bogotá.
Lo que realmente va en mi maleta
Después de definir la paleta, viene la parte práctica. Y aquí es donde la mayoría comete el error de empacar por categorías sin pensar en cómo se conectan entre sí. Yo lo hice diferente.
Partes inferiores: 5 pantalones y 2 vestidos
Cinco pantalones que combinan con todas mis partes de arriba —ninguno caprichoso, todos en mi paleta base. Y dos vestidos que son los comodines del viaje: uno más casual para un día de turismo, otro un poco más arreglado para esa noche que uno nunca sabe. Los vestidos ocupan poco espacio, no necesitan combinarse con nada más y resuelven un outfit completo en segundos. Son las prendas más inteligentes que puedes empacar.
Partes superiores: 13
Contando sacos y chaquetas ligeras, 13, que puede sonar a mucho, pero con 20 días y actividad diaria tiene todo el sentido (no sabía cuándo iba a lavar). La clave es que cada una funcione con al menos tres de los cuatro pantalones. Aquí es donde entran mis acentos —amarillo, verde, rojo y coral— rotando sobre las bases neutras para que ningún día se vea igual.
Zapatos: 3 pares
Dos pares de tenis y unas baletas. Esta es la combinación perfecta para caminar adoquines, museos y kilómetros, y la baletas para los vestidos que también hubieran quedado bien con tenis, pero quería algo un poco más formal. ¿Y por qué no tacón? La razón principal era que iba a disfrutar con total estabilidad.
Belleza y neceser — menos es más, y lo aprendí de la mejor manera
Hubo una época en mi vida en la que prepararme era un proceso largo, detallado y con muchos productos sobre la mesa. Ser reina te enseña muchísimo sobre presentación, protocolo y cuidado personal — pero también te enseña algo que pocos esperan: que la verdadera elegancia está en saber editar.
Para este viaje aplico exactamente eso. No voy a Europa a verme perfecta como una reina; voy a vivir, a caminar, a perderme en calles nuevas y a sentarme en cafés con vistas que nunca olvidaré. Y para eso necesito sentirme cómoda, fresca y yo —no “tan” producida.
Mi neceser viajero
Productos en tamaños de viaje, envases a prueba de derrames y una bolsa transparente con cierre para los controles del aeropuerto.
Mi rutina de maquillaje para el viaje
Apuesto por una paleta cálida, labial de buena duración, un lápiz, pestañina, base ligera y bloqueador que siempre va en mi bolso.
Cabello
Simple y funcional. Algunas colitas, barritas y un par de ganchitos. Me sirvió para los vientos que había.
La meta es vivir cada lugar.
Aprendizajes
Puedes llevar menos opciones… Sí, y más si el clima es frío o está transaccionando. Hay que tener presente los lugares a los que vas, donde puedes lavar y el clima. No todo lo que lleve lo use, pero si era muy rápida para vestirme y a veces usaba pantalón bajo pantalón porque las telas eran delgadas. Lo importante es que lleves prendas que te representen, que combinen entre sí y que te van a acompañar bien durante veinte días.
Eso es exactamente lo que me traje de este viaje: no solo verme bien en las fotos, sino sentirme yo en cada momento. Desde el primer café en Madrid hasta la última pasta en Italia.
Y si algo aprendí preparando esta maleta es que empacar con intención no se trata de llevar poco; se trata de llevar lo que tienes que llevar. Tu paleta, tus prendas que multiplican, tus zapatos que te cuidan los pies y esa prenda elegante que guardas para el momento que uno nunca sabe cuándo llega.
Y si estás planeando un viaje y no sabes por dónde empezar con tu maleta o tu imagen, escríbeme por WhatsApp. Juntas lo organizamos antes de que cierres la maleta.
Si algo de lo que leíste hoy te resonó, es porque ya estás lista para dar el siguiente paso.
Escríbeme por WhatsApp y conversamos. Sin compromiso, solo un espacio para entender dónde estás, qué sientes que falta y cómo puedo ayudarte a construir una imagen que finalmente te represente.